martes, 6 de mayo de 2014

Y tú, ¿eres de los que dan o de los que piden?

Casi siempre nuestra vida gira en torno a lo que recibimos.  Si vamos al templo decimos “hoy voy a recibir lo que Dios tiene para mí.”  Siempre andamos a la expectativa de recibir de Dios de una forma u otra, pero pocas veces meditamos en la exhortación de dar que enseña La Palabra de DIOS.

Hechos 20:35: En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir.”

Y en muchos textos la escritura declara que “así como damos, recibimos”, que “el alma generosa será prosperada”, que “el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará”. Casi siempre asociamos estos textos con cuestiones materiales, pero esto es válido en todos los sentidos.   Leamos la siguiente historia para que nos demos cuenta de esta realidad:


1Y cierto día Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la de la oración. 2Y había un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponían diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban al templo. 3Este, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar al templo, les pedía limosna. 4Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vista en él, le dijo: ¡Míranos! 5Y él los miró atentamente, esperando recibir algo de ellos. 6Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, más lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, ¡anda! 7Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza, 8y de un salto se puso en pie y andaba. Entró al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. (Hechos 3:1-8)

En esta historia podemos ver dos tipos de cristianos de hoy día, “los que piden” y “los que dan”.   Notemos los siguientes puntos importantes:

  1. El cojo estaba a la puerta del templo, pedía limosna a los hombres.
  2. Pedro lo levantó tomándolo de la mano, y el cojo dejó de serlo y entró al templo alabando y glorificando a Dios.
                                                                    
Aplicación.  El que es cojo espiritualmente, siempre anda pidiendo.  Este hombre era cojo y no caminaba bien, hablando espiritualmente.  Su caminar en el evangelio era inconstante: unas veces bien, otras no; unas veces en victoria, otras en derrota; unas veces caliente, otras veces frío. En resumen, este hombre era tibio, sin un testimonio definido para DIOS.

Notemos, además, que este hombre estaba a la orilla de la puerta.  Jesús declaró en Juan 10:9 Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo (o estará seguro); y entrará y saldrá y hallará pasto (encontrará provisión.)  Quiere decir que este hombre cojo no tenía una relación verdadera con Jesús.  No lo conocía realmente y por eso no confiaba en que Dios proveería.  Sin embargo, la realidad es que en la medida que conoces a Dios empiezas a confiar en ÉL y en la medida que confías en ÉL, se hace manifiesto.  


Este hombre cojo no andaba buscando primero a Dios sino que tenía puestos sus ojos en los hombres.  Este cojo es figura de aquel cristiano que anda por la orilla en el camino de Dios y que al no tener una relación personal con Jesús, siempre anda buscando ayuda de los hombres y no de Dios.  Anda temeroso de las situaciones diarias y, cuando viene una prueba económica, flaquea su fe y entonces empieza a cojear en su camino como cristiano.

En contraposición, Pedro y Juan dan testimonio de su relación íntima con Cristo.  Dice el refrán: “Nadie puede dar lo que no tiene” o “Uno solo puede dar de lo que tiene.”  Vemos a Pedro y a Juan, que “andaban sin dinero”, pero tomaron al cojo de la mano y le dieron lo que tenían. ¿Qué tenían Pedro y Juan? Tenían una relación personal con Dios, confiaban plenamente en la provisión de Dios y por eso tuvieron la fortaleza para decirle al cojo: “ven; deja ya de estar a la orilla e ingresa a una relación personal con DIOS; ÉL te afirmará y te proveerá todo lo que necesitas, pero primero hay que buscar su reino y su justicia”.  Es decir, Pedro y Juan le ofrecieron vida a este hombre; una vida que no consiste en cosas materiales sino en una intimidad con Dios.

Aquí debemos aclarar lo siguiente, Dios espera que des lo que tienes, no lo que no tienes.  Pedro y Juan no dieron dinero porque no tenían dinero, pero, le dieron “el verdadero evangelio,” donde se vive por fe, la nueva vida en Cristo Jesús.

Lo que Pedro le dio fue un testimonio real del Amor de Cristo. Una experiencia con el Señor es mejor que darle dinero, porque el dinero se le hubiera terminado pero una experiencia queda plasmada en nuestra vida para siempre.  La función principal que debemos realizar es testificar de Cristo y su resurrección, de su muerte por amor.  Debe ser un testimonio que está basado en experiencias reales con el Señor Jesucristo.  Recordemos que cuando el Señor se fue, les dijo a sus discípulos “…me seréis testigos…”  Por lo tanto, debemos dar testimonio de la vida en Cristo, de nuestra fe en ÉL.

Pedro y Juan son figura de los cristianos que dan en vez de pedir, porque confían en que Dios suplirá.

Resumen.  El cojo estaba pasando por un desierto y en vez de buscar el reino de Dios y su justicia, andaba buscando las añadiduras.  Andaba detrás de hombres para resolver sus problemas en vez de ir donde el Dueño del oro y de la plata, de la tierra y su plenitud.  El cojo andaba así por no conocer a Dios y estar en este camino a medias, por la orilla.  Esto hizo que anduviera limosneando a los hombres en vez de estar confiando en el Señor de la Vida.

Pedro, como un verdadero cristiano, ayudó a afirmar el caminar del hombre cojo.  Le dio un testimonio del amor de Dios.  Entonces el hombre cojo recibió fortaleza, fe y se afianzó en el camino de Dios.  El cojo sano comenzó a alabar y a glorificar a Dios aunque no recibió dinero en ese momento. Había recibido mucho más que eso, había recibido sanidad y fe para creerle a Dios.  Así, pudo confiar en que Dios no lo abandonaría y se dio cuenta que es más bienaventurado dar que recibir.

Reflexión
¿Qué tipo de cristiano eres?  ¿Tú, eres de los que das o de los que piden?  ¿Tú, confías en Dios o andas buscando ayuda en los hombres?   Recuerda que dar es en todo sentido, en lo material y espiritual.  Dios demanda que des lo que tienes y no lo que no tienes.  Pero siempre que des, da con alegría sabiendo que es mejor dar, que recibir y que así como das, recibirás.

El Amor se manifiesta dando.  ¿Recuerdas lo que dijo Jesús? “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito…”.

lunes, 21 de abril de 2014

La Resurrección

San Lucas 24 Nueva Traducción Viviente (NTV) 
1 El domingo, muy temprano por la mañana, las mujeres fueron a la tumba, llevando las especias que habían preparado. 2 Encontraron que la piedra de la entrada estaba corrida a un costado. 3 Entonces entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Mientras estaban allí perplejas, de pronto aparecieron dos hombres vestidos con vestiduras resplandecientes. 5 Las mujeres quedaron aterradas y se inclinaron rostro en tierra. Entonces los hombres preguntaron: “¿Por qué buscan entre los muertos a alguien que está vivo? 6 ¡Él no está aquí! ¡Ha resucitado! Recuerden lo que les dijo en Galilea, 7 que el Hijo del Hombre[b] debía ser traicionado y entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y que resucitaría al tercer día.” 8 Entonces ellas recordaron lo que Jesús había dicho. 9 Así que regresaron corriendo de la tumba a contarles a los once discípulos y a todos los demás lo que había sucedido. 10 Fueron María Magdalena, Juana, María la madre de Santiago y varias mujeres más quienes contaron a los apóstoles lo que pasó. 11 Pero a los hombres el relato les pareció una tontería, y no les creyeron. 12 Sin embargo, Pedro se levantó de un salto y corrió a la tumba para ver por sí mismo. Agachándose, miró hacia adentro y vio sólo los lienzos de lino, vacíos; luego regresó a la casa, preguntándose qué habría ocurrido.

Introducción.

La Resurrección está relacionada con "regreso," con regresar, con retorno. Si, es cierto, también está relacionado con revivir, resurgir, renacer, etc. Pero hoy quisiera compartir con ustedes la relación entre resurrección y regreso.

Ese domingo, Jesús regresa de la muerte. Luego de su pasión, muerte y entierro, Jesús estuvo predicando a los muertos. Era parte del Plan de Dios. Era necesario. Al terminar esa otra etapa del Plan, Jesús regresó a la vida, al mundo natural, a la Tierra, por algunos días más, para completar lo que faltaba. Es decir, para dar las últimas instrucciones a los discípulos sobre la gran comisión que nos dejaba en la Tierra.

Ese domingo, las mujeres regresaron a donde lo había sepultado, a la cueva, a la tumba. Pero la encontraron vacía. Entonces regresaron a donde estaban los discípulos para contarles lo que les había dicho el ángel: "No está aquí, ha resucitado, ha regresado como lo había dicho."

Ese domingo, también los discípulos habían regresado al Aposento Alto. Uno a uno, habían regresado. Abochornados, apenados, arrepentidos de haber abandonado al Señor, de haberlo traicionado, de haberle fallado. Cuando más les necesitó, ellos habían huido, despavoridos, asustados. 

Pero, uno a uno, los discípulos regresaron a la Casa, a la iglesia, al Aposento Alto. Regresaron al mismo lugar donde habían celebrado la Última Cena con el Señor. De sus escondites, regresaron. De sus quebrantos, regresaron. Allí todavía había el calor humano, la esperanza del acogimiento de la comunidad. Allí todavía se percibía el suave aroma de Cristo, el perfume, la fragancia, el olor del Pan y el Vino. Allí esperaban encontrar aliento, perdón (?), esperanza, acompañamiento. Uno a uno, regresaron a la casa del Señor...

Ese domingo también hubo algunos discípulos que regresaron a sus pueblos de origen. Regresaban a sus hogares familiares, asustados, atemorizados de que, igual que habían matado a Jesús, los podían matar a ellos. Estaban tristes, asustados. habían perdido la esperanza y la fe. Ya habían pasado tres días y no había resucitado. Y regresaron derrotados a sus hogares.

Iban de camino a su aldea, Emaús. Dos discípulos, Cleofas y el discípulo desconocido. Iban hablando por el camino, derrotados, cansados. Entonces, se les unió Jesús, el CRISTO resucitado, el que había regresado de la muerte, pero ellos no lo reconocieron. Entonces, Jesús, el Cristo, les abrió Las Escrituras y les explicó lo que había pasado. 

Cuando llegaron a la aldea de Emaús, Jesús, hizo como que iba a seguir de camino, pero los dos discípulos, sin saber Quién era, le pidieron que se quedara y le ofrecieron comida y alojamiento al Señor. Entonces, ocurre algo espectacular. Dice la Sagrada Escritura, que cuando Jesús tomó el pan y lo partió, los discípulos RECONOCIERON Quién era. Al instante, Jesús desapareció de su vista y se esfumó.

Ese mismo domingo, aquellos dos discípulos, Cleofas y el discípulo desconocido, regresaron a Jerusalén a contarle a los demás lo que les había pasado. Y regresaron al Aposento Alto. allí encontraron a los demás discípulos reunidos. Solo habían rumores de que Jesús había resucitado. Ellos podían dar fe, testimonio, de que en verdad Jesús había regresado y que ellos los habían visto con sus ojos. Entonces, de repente, se oyeron unos pasos y los discípulos se pusieron tensos, esperando que alguien abriese la puerta del Aposento Alto. Pero nadie entró por la puerta... Jesús hizo una entrada espectacular, sorprendente: Jesús atravesó la pared y entró al Aposento Alto con el mensaje de la Paz. "Paz a vosotros." En otras palabras: "Estén tranquilos, YO les perdono."

Si, aquel domingo, Jesús regresó para iniciar el principio del final o finalizar lo que había comenzado, el principio de la Iglesia, el principio de la misión de Dios que nos corresponde a nosotros(as) continuar aquí, donde estamos, entre los vecinos con los cuales convivimos, nuestro "prójimo." Si, Jesús regresó para dejar las instrucciones finales que habrían de guiar nuestro Caminar con Jesús, la Gran Comisión, los detalles y revelación del Propósito de Dios para Su Pueblo, Su Iglesia, "los llamados(as) a servir."

Ahora, nos corresponde a nosotros(as) regresar a la Casa de Papá, a la Iglesia, al Cuerpo de Cristo. Nos corresponde entrenarnos, equiparnos, capacitarnos, disciplinarnos, someternos a la autoridad que Dios ha dispuesto, a la iluminación y guía del Espíritu Santo, a la investidura de Su Poder sobre nosotros(as) para poder ser testigos de Su Esperanza, de Su Salvación, de Su Gozo, de Su Paz; para que los que nos tienen esperanza, ni salvación, ni gozo, ni paz, la encuentren en Jesús, el Cristo de la Gloria y sus vidas sean transformadas como fueron las nuestras y el mundo sepa Quién es "el que regresó de la muerte para traer vida abundante y vida eterna." ¿Amén? Amén!

Finalmente, Jesucristo regresó a Su Hogar Eternal, después de revelarse a sus discípulos originales y a 500 discípulos más y, finalmente, a Saulo de Tarso. Regresó triunfante a la Casa de Su Padre, a interceder por nosotros(as). Pero, la historia no termina ahí... (envió al Espíritu Santo sobre la Iglesia para darle Poder y delegar Su autoridad para que podamos llevar a cabo Su gran comisión.) ¡Aleluya!

Llamado: Regresa a Casa de tu Padre, hoy. ¿Has hecho planes para regresar a tu hogar eternal? ¿Estás seguro? ¿Estamos preparados para nuestro viaje de regreso a casa?

Historia de Carl McCunn, un fotógrafo que se quedó tirado en medio de la nada en Alaska.

En marzo de 1981, una avioneta dejó a Carl McCunn en un valle cualquiera en medio de la nada en Alaska. Cargado con 500 carretes, se disponía pasar el verano fotografiando la tundra y sus animales, totalmente sólo, hasta que lo vinieran a recoger. Sin embargo, cuando el frío llegó y el avión no aparecía, comenzó a dudar de si realmente había dejado claro que tenían que volver por él.

McCunn era un fotógrafo de profesión nacido en 1946 en Alemana mientras su padre servía en el Ejército de los Estados Unidos, aunque creció en San Antonio (Texas). Con 20 años se graduó y se alistó en la Marina, donde sirvió durante 4 años. Cuando lo dejó, durante un breve período de tiempo, vivió en Seattle, WA. Allí trabajó durante un tiempo en el ferry que hacía el trayecto entre Alaska y el estado de Washington. Después lo dejó y fue cambiando de trabajos hasta que en 1970 se mudó a Anchorage (Alaska), donde se estableció.

Su vida parece que pasó sin mayores sobresaltos hasta 1981. Fue en marzo de ese año, cuando McCunn decidió pasar el verano fotografiando la belleza y los misterios de la tundra de Alaska. Para ello, contrató a un piloto para que le llevara hasta un remoto lago de Alaska. Llevaba consigo material fotográfico, unos 650 kilos de provisiones, dos rifles y una escopeta. Su intención era quedarse hasta mediados de agosto. Guisantes y arroz serían los elementos principales de su dieta. Era un entorno hostil, pero no era la primera vez que pasaba una temporada en él. En 1976, había pasado otros cinco meses totalmente sólo por la desolada cordillera.

Los primeros meses fueron buenos. McCunn llegó cuando el invierno se estaba acabando y escribía con fascinación en su diario sobre el retorno de las aves acuáticas. Aunque reconocía que “los humanos estamos tan lejos de nuestro modo de vida moderno en un sitio como este”.

Sin embargo, a comienzos de agosto, el tono del diario comenzó a cambiar. McCunn empezaba a mostrarse cada vez más preocupado a medida que los víveres comenzaban a escasear y las temperaturas a bajar. Mientras, el otoño llenaba el valle de tonos amarillos y ocres, y no paraba de llover. “Creo que debería haber preparado mi vuelta con más previsión. Pronto lo averiguaré. Se acaban los guisantes. Puede ser que no duren más de dos semanas. El arroz se acabó ayer”.

McCunn comenzó a complementar su dieta con pescado y carne de pato. “No puedo olvidarme de los cartuchos que tiré hace un par de meses. Tenía cinco cajas y cada vez que las veía me sentía tan ridículo de haber traído tantas. Así que las tiré todas… al lago… menos una docena… realmente inteligente. ¿Quién iba a pensar que las iba a necesitar para evitar morirme de hambre?”

A mediados de agosto, McCunn comenzó a dedicar la mayor parte del tiempo a buscar comida. Sin rastro del avión, la angustia de McCunn crecía. “Por favor, no me dejéis aquí. No vine aquí para esto”. Según parece, en otra de sus estancias en la naturaleza, McCunn también había regresado más tarde de lo esperado, en esa ocasión su padre avisó a la policía, que comenzó a buscarlo. A su regreso McCunn pidió a su padre que no lo volviera hacer. Sin embargo, esta vez fueron sus amigos los que al comenzar a preocuparse pidieron a los “troopers” de Alaska (la policía del estado) que fueran a echar un vistazo para ver cómo estaba el fotógrafo.

Así lo hicieron. El “trooper” David Hamilton sobrevoló el campamento de McCunn. La primera vez, lo vio ondeando una bolsa roja. A la segunda pasada, lo vio saludando de manera desenfadada. Cuando pasó la tercera vez, McCunn se dio la vuelta y caminó hacia la tienda. Hamilton asumió que no pasaba nada.

Sin embargo, lo que McCunn escribió en su diario era muy diferente. McCunn explicaba lo eufórico que estaba cuando avistó la avioneta. Aunque el mismo se dio cuenta que había enviado la señal equivocada al piloto. Que sus gestos se podían interpretar erróneamente. “Recuerdo haber saludado con mi mano derecha y alzar el puño moviéndolo cuando el avión pasó por segunda vez. Era un especie de hurra, como cuando tu equipo anota un tanto”. Se dio cuenta que la señal era similar a la de “todo está bien… ¡no esperes! Probablemente han pensado que era sólo un tipo raro. ¡Dios, no puedo creerlo!”.

En octubre la situación comenzaba a ser crítica, McCunn tenía que espabilarse para evitar que los lobos y zorros le robaran los conejos que quedaban atrapados en sus trampas. “Ha sido un día terrible. Las manos cada día están más congeladas. Me queda sólo una ración de guisantes. Sinceramente, empiezo a preocuparme por mi propia vida. Pero no me rendiré”.

Para noviembre, se le acabó la comida. Sólo le quedaban unas especias. “Me siento muy deprimido. Aunque no estoy acabado del todo, ando muy cerca”. También anotó que estaba considerando la opción de intentar llegar hasta Fort Yukon caminando, unos 120 kilómetros de distancia. Escribe una carta a su padre, diciéndole como revelar sus carretes. Atrapa una ardilla “pero parece sólo una broma, incluso hasta cuando te comes los huesos”.

A finales de noviembre, McCunn empezaba a tener mareos. “Me siento miserable. Los últimos tres días me he despertado con escalofríos. No puedo soportarlo mucho más. No puedo evitar pensar en la bala”. Usó el poco fuel que le quedaba para avivar el fuego por última vez. “Cuando las cenizas se enfríen, me enfriaré con ellas”.

“Dios del Cielo amado, por favor, perdóname, mi debilidad y mis pecados. Por favor, cuida de mi familia”. Añadió una nota separada para pedir que sus cosas le fueran devueltas a su padre. Y daba instrucciones al que lo encontrara para que se quedara con su rifle y su escopeta. Esa era su voluntad. Firmaba con su nombre y adjuntaba su carnet de conducir de Alaska. “El de la identificación soy yo, por supuesto”. Con estas palabras, acababa el diario y la vida de Carl McCunn, ocho meses y medio después de haberse bajado del avión. “Dicen que no duele” y se pegó un tiro en la cabeza.

Murió con 35 años, en medio de la nada, junto a un lago sin nombre en un valle sin nombre. Según la descripción de su padre, era un joven extrovertido, de 1.80 metros de altura, unos 100 kilogramos de peso y de pelo rojizo, rubio.

Los “troopers” de Alaska encontraron su campamento el 2 de febrero del año siguiente. Cuando cortaron el material congelado de su tienda, encontraron su cuerpo en una cama que se había hecho él mismo. Junto a él, su diario, unas 100 hojas sueltas que comenzaban en letras mayúsculas claras con el maravilloso regreso de la vida al valle y que, poco a poco, se convirtió en una cruda crónica de esperanzas pérdidas, miedo y desesperación.

El juez de instrucción, después de examinar el diario y teniendo en cuenta el testimonio de sus amigos, concluyó que McCunn no acabó de concretar los detalles para su recogida. Fue un error. Como también lo fue deshacerse de los cartuchos de forma prematura, quedarse en la zona hasta tan entrado el frío o hacer señales confusas e incorrectas al avión. El juez dictaminó que su muerte había sido un suicidio.


Y tú, ¿Has arreglado tu regreso a casa de Papá? ¡Regresa hoy! 
Jesús regresa pronto.





sábado, 19 de abril de 2014

“El Sábado Santo: En el ínterin de los acontecimientos”

Rev. Dr. Juan G. Feliciano-Valera

S. Juan 19:38-42 (Traducción en lenguaje actual, TLA, Sociedades Bíblicas, 2000) 38 Después de esto José, de la ciudad de Arimatea, le pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era seguidor de Jesús, pero no se lo había dicho a nadie porque tenía miedo de los líderes judíos. Pilato le dio permiso, y José se llevó el cuerpo.  39 También Nicodemo, el que una noche había ido a hablar con Jesús, llegó con unos treinta kilos de perfume a donde estaba José. 40 Los dos tomaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en vendas de una tela muy cara. Luego empaparon las vendas con el perfume que había llevado Nicodemo. Los judíos acostumbraban sepultar así a los muertos.  41 En el lugar donde Jesús murió había un jardín con una tumba nueva. Allí no habían puesto a nadie todavía. 42 Como ya iba a empezar el sábado, que era el día de descanso obligatorio para los judíos, pusieron allí el cuerpo de Jesús en esa tumba, porque era la más cercana.

INTRODUCCIÓN.  Los creyentes en JESUCRISTO estamos HOY en el ínterin de los acontecimientos. Se nos invita a reflexionar sobre la Semana Santa, la Semana Mayor, la última semana de JESÚS en la tierra, antes de su resurrección e investidura como El Mesías, El Ungido, El CRISTO de la Gloria. Es una oportunidad que se nos concede de reunirnos como Familia de DIOS, como hermanos y hermanas que tenemos un mismo Padre y que somos hermanados por la misma Sangre; Sangre Preciosa del Cordero de DIOS que fue inmolado, sacrificado para darnos Vida Abundante, para traernos “Zoé,” es decir, Vida Plena, Esperanza Viva, Paz en nuestras almas, el “Shalom” del Señor.

EXHORTACIÓN.  Los creyentes en JESUCRISTO estamos HOY en el ínterin de los acontecimientos. Nosotros(as) conocemos la historia, sabemos el resultado final, pero nos sometemos, una vez más, al rito pascual, al evento trascendente, a la reconstrucción de los eventos catastróficos más relevantes y relevantes en la historia de la humanidad nuestra. Una vez más, nos ha tocado prepararnos para eventos conflictivos, dialécticos, controvertibles.

Probablemente, muchas personas que luchamos por preservar o restaurar nuestra salud emocional, en un mundo quebrantado por la violencia y el dolor humano, hubiésemos preferido no ver, ni repetir las escenas terriblemente explícitas de la pasión de Nuestro Maestro. Sin embargo, aquellos eventos de La Semana Santa (“santa” porque manifestó los momentos de mayor sacrificio y dolor para el Mediador de nuestra fe, el Justo muriendo por los injustos, El Santo por los pecadores…) fueron paradigmáticos. Fueron eventos que ilustraron, con capacidad inusual, la trayectoria, el caminar, la jornada, el devenir frágil y efímero que nos ha tocado vivir a cada uno de nosotros(as).   Ninguno de nosotros(as) desea comparar su trayectoria de dolor, la que haya sido, con la pasión de JESÚS, el Deseado por las naciones. Ninguno de nosotros(as) se atrevería a comparar nuestro dolor con aquella agonía, quebranto y miseria que sufriera el Santo e Inocente por nosotros, pecadores.

Sin embargo, es fundamental que reflexionemos sobre nuestro caminar, en anticipación a, a la luz de, en la antesala de, la Semana Santa. No porque creamos posible comparar el sufrimiento del Siervo Sufriente, JESÚS, con nuestro propio sufrimiento, sino porque se hace imperativo detenernos en el camino, hacer una pausa para reflexionar y dedicarle a DIOS un momento, un espacio, un “ratito” para que nos hable a lo profundo de nuestros “Jerusalenes,” de nuestros higos secos, de nuestros pies sucios, enfangados con el lodo de la tierra que es Santa, pero que ha sido manchada con la sangre de inocentes.

Sí, se nos ofrece una oportunidad para que DIOS nos hable en el silencio del Getsemaní nuestro, a lo profundo de nuestros dolores inmensos, profundos, que nos hacen sudar gotas de sangre, lágrimas interminables y gemidos indescriptibles. Si, se nos ofrece una oportunidad para tomar nuestra cruz, caminar por nuestras vías dolorosas, subir a nuestros montes calvarios y tomar vino agrio en vez de agua fresca. Si, se nos ofrece una oportunidad de observar a los burlones, a los angustiadores, a los soldados del terror, a los profetas del miedo y el fracaso, a los amigos escurridizos. Si, se nos ofrece una oportunidad de escuchar los golpes del martillo sobre los clavos de nuestras dolencias, de nuestras manos traspasadas, nuestros costados abiertos, de nuestro clamor; expresado con mayor vehemencia desde la cruenta cruz: “Padre, ¿Por qué me has abandonado?” O desde nuestra necesidad humana, también expresada por el JESÚS Nazareno, “Tengo Sed.”   Finalmente, debemos reconocer que se nos ofrece una oportunidad de escuchar aquellas palabras felices que cambiaron para siempre la tónica de la muerte: “Padre, en TUS MANOS, encomiendo mi espíritu.” Palabras que fueron proféticas del Domingo de Resurrección: ¡CRISTO venció la muerte y ganó la Vida para nosotros(as) PORQUE se entregó a Su Padre!

Los creyentes en JESUCRISTO estamos HOY en el ínterin de los acontecimientos. Por un lado, la noche oscura del alma, el caminar destruido, maltrecho, apabullado, aturdido y, por el otro, el consuelo, la memoria, la restauración, la reconciliación, la liberación, la resurrección, la victoria total.

Si, los creyentes en JESUCRISTO estamos HOY en el ínterin de los acontecimientos. Estamos como en el día llamado “Sábado Santo,” entre la muerte y la resurrección. El Sábado Santo es el día entre el Viernes Santo y el Domingo de La Resurrección. Es un día “perdido” en el calendario de la Iglesia de JESUCRISTO.  Es un día extraordinario, sin embargo. Durante ese día acabamos de pasar el dolor y quebranto del Viernes de la Agonía, Pasión y Muerte de JESÚS. Hemos experimentado quebranto antes de que llegue el Día de la Resurrección, de la Nueva Vida. Después de los eventos traumáticos del Viernes Santo, nos encontramos con un espacio vacío: entre la muerte y la vida. No muertos. Ni vivos. Estamos en el medio, en el ínterin, como los que esperan la mañana, los que esperan a un nuevo día. El reto que se nos lanza es gigante, ¿Cómo vivir en el ínterin?

Allí nos encontramos en demasiadas ocasiones. Enfermedades, médicos, hospitales, muertes, despedidas, violencia, desavenencias, despidos, interrogantes. PERO, nosotros(as) conocemos el final de la historia de la Semana Santa. No terminó “el Viernes,” sino que allí comenzó el Principio del Final. Es decir, allí triunfó la esperanza, la paz, el amor, la Salud, la Plenitud de la Gracia de DIOS para todas aquellas y aquellos que pueden creerle a DIOS.

LLAMADO. No podemos quedarnos en el Sábado Santo, nosotros(as) conocemos el final de la historia de la Semana Santa. No podemos quedarnos en el ínterin de los acontecimientos. No podemos quedarnos en el clamor, tenemos que escuchar la respuesta de DIOS. No podemos quedarnos en la enfermedad, tenemos que pasar a recibir la Sanidad Divina, la Voluntad de DIOS. No podemos quedarnos en el valle de los huesos secos, tenemos que recibir la abundancia del Espíritu de Vida que nos da el Señor. No podemos quedarnos en la tumba fría del amigo de JESÚS, Lázaro, tenemos que salir al escuchar Su Voz llamándonos por nuestros nombres. No podemos quedarnos estáticos delante del Mar Rojo, tenemos que marchar en la confianza de que el que nos invita, va con nosotros(as). No podemos quedarnos en el Sábado Santo, tenemos que amanecer al Domingo de la Resurrección.

No podemos quedarnos en el ínterin de los acontecimientos. Podemos pasar adentro, al lugar Santísimo, a la misma Presencia de DIOS y sentarnos en Su Regazo y susurrarle al oído: “Padre, en TUS MANOS encomiendo mi camino, mi existencia, mi ser, mi familia, mi trabajo, mis necesidades; aquí y ahora.” Amén.  Se nos ha invitado a reflexionar en preparación para La Semana Santa. Caminemos triunfantes con JESÚS a Jerusalén, anticipando la traición, la muerte y su pasión. No nos quedemos afuera, entremos al ruedo con el Señor. No hay por qué preocuparse, ¡El Señor Resucitó! ¡Venció por y para nosotros(as)! Aceptemos el reto: cuando se ponga duro el camino, hagamos una pausa para La Gracia de DIOS. DIOS siempre anda buscando maneras de alcanzarnos con Su Amor y susurrarnos al oído: “Yo te amo, hija mía; hijo mío. Yo estoy contigo, a donde quiera que tú vayas, Yo voy contigo. Confía en Mi”.

domingo, 13 de abril de 2014

Desatando El Burrito, Porque El Señor Lo Necesita

Lucas 19:28 Después de contar esa historia, Jesús siguió rumbo a Jerusalén, caminando delante de sus discípulos. 29 Al llegar a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos, mandó a dos discípulos que se adelantaran. 30 «Vayan a la aldea que está allí —les dijo—. Al entrar, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí. 31 Si alguien les pregunta: “¿Por qué desatan al burrito?”, simplemente digan: “El Señor lo necesita”». 32 Así que ellos fueron y encontraron el burrito tal como lo había dicho el Señor. 33 Y, efectivamente, mientras lo desataban, los dueños les preguntaron: —¿Por qué desatan ese burrito? 34 Y los discípulos simplemente contestaron: —El Señor lo necesita. 35 Entonces le llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima para que él lo montara. 36 A medida que Jesús avanzaba, la multitud tendía sus prendas sobre el camino delante de él. 37 Cuando llegó a donde comienza la bajada del monte de los Olivos, todos sus seguidores empezaron a gritar y a cantar mientras alababan a Dios por todos los milagros maravillosos que habían visto. 38 «{¡Hosanna, Hosanna, Hosanna!} ¡Bendiciones al Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en el cielo más alto!». 39 Algunos de los fariseos que estaban entre la multitud decían: —¡Maestro, reprende a tus seguidores por decir cosas como ésas! 40 Jesús les respondió: —Si ellos se callaran, las piedras a lo largo del camino se pondrían a aclamar. (NTV)

INTRODUCCIÓN: "Lo torcido se endereza y lo muerto resucita" porque el Señor los necesita. “Porque el Señor lo necesita.” 

Texto Clave: 29 Al llegar a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos, mandó a dos discípulos que se adelantaran. 30 «Vayan a la aldea que está allí —les dijo—. Al entrar, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí. 31 Si alguien les pregunta: “¿Por qué desatan al burrito?”, simplemente digan: “El Señor lo necesita”». 32 Así que ellos fueron y encontraron el burrito tal como lo había dicho el Señor. 33 Y, efectivamente, mientras lo desataban, los dueños les preguntaron: —¿Por qué desatan ese burrito? 34 Y los discípulos simplemente contestaron: —El Señor lo necesita.

El tema de este sermón es: "Desatando el burrito porque el Señor lo necesita."

¿Cuántas veces hemos pensado que Dios necesita algo? ¿El Dios Todopoderoso, necesita algo nuestro? 

En Isaías 40:13-15 (Nueva Traducción Viviente, NTV) dice: 13 ¿Quién puede dar consejos al Espíritu del Señor? ¿Quién sabe lo suficiente para aconsejarlo o instruirlo? 14 ¿Acaso el Señor alguna vez ha necesitado el consejo de alguien? ¿Necesita que se le instruya sobre lo que es bueno? ¿Le enseñó alguien al Señor lo que es correcto, o le mostró la senda de la justicia? 15 No, porque todas las naciones del mundo no son más que un grano de arena en el desierto. No son más que una capa de polvo sobre la balanza. Él levanta el mundo entero como si fuera un grano de arena.”

Al contrario, ¿Verdad?, ¡Nosotros somos los que NECESITAMOS DEL SEÑOR! Aquí hay otra manera de entenderlo: ¿Qué necesita (precisa, requiere, exige, solicita, demanda, apremia, urge) Dios de ti y de mí? ¿Qué cosas, pensamientos, costumbres, prejuicios, talentos, ideas, pasiones, talentos, tendremos que soltar hoy para que el Señor pueda utilizarlas? ¿Qué entuertos tenemos que enderezar hoy para que caiga la bendición reservada para esta Casa? Y ¿Para tu casa? ¡Jesús lo necesita! 

Dice la Escritura que Jesús le dijo a Zaqueo, (Lucas 19:5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”) La versión NTV dice "porque debo (o necesito) hospedarme en tu casa". En la lección que leímos para hoy, Jesús le dice a sus discípulos, 31 Y si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle que el Señor lo necesita.” 

Lo que debemos entender es que Dios nos necesita para Su obra. Es más, ¡nosotros nos necesitamos los unos a los otros! En la orquesta de Dios se necesita armonía entre todos los instrumentos, pero ese es el tema de otro sermón. Algún día lo compartiré (si me invitan de nuevo después de que hoy les he llamado "burritos".)

Volvamos al texto. Los discípulos fueron y desataron el burro porque el Señor lo necesitaba. ¿Qué tendremos nosotros(as) que desatar (destrabar, desprender, desligar, soltar, liberar, anular, desamarrar) para que el Señor lo pueda usar? ¿Qué aspectos, actitudes, conocimientos, destrezas, ideas, estrategias, métodos, pasiones, etc. tendremos que desatar hoy para que el Señor pueda usar nuestras vidas en la construcción y expansión de Su Reino, aquí y ahora? ¿Qué tendremos que dejar ir esta Semana Santa para que el Señor pueda usar nuestras vidas?

1. El burro es un animal de carga. Es una bestia de carga. Esa es su función, cargar paquetes, bultos, sacos y gente. El burro no es un corcel. No es un caballo. No es un hermoso ejemplar de Paso Fino. No es una yegua, ni una potranca. El burro es burro, asno, mulo, una bestia de carga. Es quizás uno de los animales más sencillos que existen en función de la agricultura. De hecho, cuando a uno le dicen que es “un burro,” lo están ofendiendo (a uno, no al burro.) 

Para el mundo, ser un burro es ser un necio, un lerdo, un torpe, un ignorante, un grosero, un bárbaro, un irracional, un inservible. Uff! ¡Está malo esto, yo no quiero ser un burro! Pero, la realidad es que en nuestras vidas hay muchos burros amarrados y que hemos cometido muchas burradas (“bestialidades”) en nuestras vidas. ¿No sé si habrá algún Amén ahora? La realidad es que le hemos permitido a nuestra mente y a nuestro corazón que se ate con muchas burradas. Hay muchos burros que soltar en nuestras vidas. Yo cargo con unos cuantos todavía y le pido a DIOS que me permita ir soltándolos en el caminar con ÉL. ¡Ahora si debe haber “amenes” en la Casa de DIOS! La gracia de Dios continúa obrando sobre nosotros(as) para ayudarnos a alcanzar la perfección cristiana, la santificación.

2. En nuestra historia bíblica, se nos habla de un burro, de un sencillo asno. No sabemos que este burro fuese especial, que tuviese siete patas o que tuviese mayor inteligencia que los demás burros. No se nos dice que era “especial.” Solo que en esta ocasión había una diferencia: este burro serviría (porque era necesitado) para cargar al Rey de la Gloria que entraba a Su Ciudad Santa: Jerusalén (en donde entregaría su cuerpo y preciosa sangre por nosotros, pecadores.) 

Me imagino que todos ustedes entienden la diferencia entre entrar a Jerusalén montado en un burro y no en un corcel, o en un hermoso caballo de la caballería monárquica. 

Si; la verdad es que Jesús se humilló hasta el final. Aunque sus seguidores le recibieron con palmas y gritos de ¡Hosanna!, Él se humilló, igual que lo hizo en el pesebre; igual que lo hizo en la barca de los pescadores, igual que lo hizo en La Cruz, igual que lo hizo cuando te rescató a ti y a mí. ¡Se humilló hasta lo sumo, hasta la muerte! ¿Sabes para qué? ¡Para demostrarnos que hay que ser obedientes al Padre! Fuimos creados como hijos de DIOS con un proyecto divino; con una imagen y semejanza divina: que seamos como Jesús, todo misericordioso y amoroso. (O B D C.)

3. Jesús ordenó a sus discípulos que fueran a buscar el burro y si alguien les preguntaba, que le dijeran que “El Señor lo necesita.” (Lc. 19:31.) Yo no sé si sus Biblias son como la mía, pero en la mía dice que Jesús le dijo a los discípulos que respondieran: ”porque El Señor lo necesita.” Mi Biblia dice que los discípulos obedecieron a Jesús. 

Jesús necesita tu pasión y la mía para hacer la Obra de DIOS en esta tierra:

• Amar (sirviendo) a los que nadie ama, a los invisibles, a “los inservibles”, a los pequeñitos del Señor;

• Jesús te necesita a ti y a mí para hacer la Obra de DIOS en esta tierra, es decir, para predicarles el evangelio del arrepentimiento y el perdón de pecados a los pecadores (los que más necesitan aceptar la gracia de Dios; si, porque los que no pecan, no necesitan de la gracia de Dios; si porque gracia es recibir lo que no merecemos (el perdón) y misericordia es no recibir lo que merecemos (condenación); ah, pero no le digamos eso a la gente (¡! ¿?)),

• Jesús te necesita a ti y a mí para hacer la Obra de DIOS en esta tierra, es decir, manifestar, testimoniar, alabar a Dios a través de la vida eterna que disfrutamos desde que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador y Señor,

• Testimoniar por todas partes y a todo el mundo lo que significa la bendición de ser llamados “hijos e hijas de DIOS,”

• Amar y hacer misericordia, como DIOS ama y hace la misericordia,

• Ser canales de bendición y no de televisión, ni de maldición.

4. Jesús nos necesita: ¿Cuál será nuestra respuesta hoy? ¿Qué cosas tendremos que desatar para que Jesús las pueda usar? ¿Cuántas cosas tendremos que des-atar, soltar, desligar, desencadenar, liberar para que Jesús pueda usar nuestras vidas en la construcción y expansión de Su Reino, aquí y ahora?

¿Será el temor? ¿Será la baja estima? ¿Será la religión antigua? ¿Será la comodidad? ¿Será el resentimiento contra los hermanos y hermanas? ¿Será el resentimiento contra las personas que piensan diferente a nosotros? ¿Será la ira acumulada contra los que nos hirieron? ¿Será la confusión causada por nuestra propia mente? ¿Será el talento que DIOS nos ha dado y que lo hemos guardado, inmovilizándolo? ¿Será el llamado a servir al Señor el cual hemos reprimido por miedo al “qué dirán”?

5. ¿Cuál será nuestra respuesta al llamado de DIOS de que necesita de nosotros(as) para hacer Su Obra, aquí y ahora?

• ¿Qué cosas tenemos que desatar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que soltar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que desligar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que desencadenar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que separar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que desabotonar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que desprender hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que desenganchar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que liberar hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que anular hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que deshacer hoy para que Jesús las pueda usar?

• ¿Qué cosas tenemos que dejar ir hoy para que Jesús las pueda usar?

6. Amados y Amadas: No podemos seguir como vamos. No podemos entrar a la Semana Santa como estamos. No podemos conformarnos con lo que hemos alcanzado, aunque sean “grandes logros” para la sociedad. Hay algo en nuestras vidas que tenemos que desatar hoy para que Jesús pueda usar nuestras vidas para Su Propósito Divino. ¿Amén? ¡Amén! 

Yo prefiero creerle a DIOS y pensar que DIOS tiene un plan divino conmigo y con cada uno(a) de nosotros(as). Yo les invito a pensar que DIOS tiene algo bueno para cada una de nuestras vidas. DIOS es el DIOS de la Misericordia, porque ¡Para siempre es su misericordia! ¿Se oye algún Amén en la Casa de DIOS?

LLAMADO

Hace tiempo que DIOS nos ha estado hablando de creerle a DIOS, a Su Palabra, a Su Voz. No podemos seguir negándole a DIOS lo que DIOS nos pide. Si DIOS solo nos pide que dejemos ir nuestras propias opiniones humanas sobre ÉL (y creamos a Su Palabra que nos dice que “para siempre es Su Misericordia.”) Si DIOS solo nos pide que des-atemos nuestros entuertos, nuestros líos mentales, nuestros enredos filosóficos; nuestras complicaciones teológicas y aceptemos que DIOS nos quiere usar para Su Buena Obra, Su Obra a favor de los menos afortunados, sus pequeñitos, de los que no saben todavía que DIOS les ama, de los que no saben todavía que son importantes para DIOS. ¿Por qué nos aferramos a unas ideas negativas, baratas, de conflictos y oposiciones y no obedecemos a DIOS que nos llama a Su Casa, a Su Servicio, a Su Reino, a Sí Mismo? Somos invitados a construir el Reino de Dios, aquí y ahora!

No entremos a la Semana Santa sin antes decidirnos creerle y obedecer a DIOS y desatar los burros que nos impiden acercarnos a DIOS con conciencias limpias, mentes agradables, relaciones puras y corazones dispuestos y disponibles para servir al Rey de la Gloria. ¡Entonces podremos poner nuestros mantos sobre la tierra para que entre el Rey de la Gloria!

Si nosotros callamos, las piedras hablarán.

LA HISTORIA DEL BURRO

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar qué hacer. Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo. Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al burro que estaba dentro del pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después que le habían echado unas cuantas palas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio. Con cada pala de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble, se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...

MORALEJA: La vida nos va a tirar tierra, todo tipo de tierra. El truco para salir del pozo es sacudírtela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos. Usa la tierra que te echan para salir adelante.

Recuerda estas 5 reglas:

1- Libera (desata) tu corazón del odio.

2- Libera (desata) tu mente de las preocupaciones.

3- Simplifica (desata) tu vida. Vive simplemente, para que otros simplemente puedan vivir.

4- Da más y espera menos. Aprendamos de DIOS: solo nos pide COMO-DI-DAD. "Como Yo di, así vosotros dad." (Desata tus finanzas.)

5- Ama más (desata las cuerdas que te impiden amar) y, sacúdete la tierra porque en esta vida hay que ser parte de la solución, no del problema.

Al venir al Altar, libérate de todas las ataduras, desata todas las ligaduras, las amarras, los entuertos y, sencillamente, ven a los pies del Señor. EL te invita, en Memoria de ÉL.

lunes, 31 de marzo de 2014

Dos encuentros con Jesús

Dos Encuentros con Jesús: Gracia y Misericordia

Alguien ha interpretado la “Misericordia” como lo que el ser humano recibe de Dios cuando no recibe lo que merece.  El pago por el pecado es muerte, pero la misericordia de Dios hace posible que obtengamos una salida, una nueva oportunidad. Pregúntale a David; pregúntale a Zaqueo; pregúntale a Saulo de Tarso; pregúntale a Bartimeo; pregúntale a la mujer adultera; o…pregúntate a ti mismo(a)...

Gracia”, entonces, es definida como lo que el ser humano recibe cuando recibe aquello que no merecía recibir.  No es un juego de palabras, ni una frase bonita. Es una realidad del Reino de Dios.  En este Reino cuando un ser humano se acerca a Dios recibe bendiciones que no esperaba recibir.  Gracia es el acto, la acción definitiva del amor ágape, del amor incondicional del Dios que decidió amarnos con amor eterno.  Pregúntale a Salomón; pregúntale a José (hijo de Jacob); pregúntale a Abraham; pregúntale a Ana; a María; a José (de Nazareth); pregúntale a Nicodemo; pregúntale al paralitico de Bethesda; pregónatele a la mujer del flujo de sangre; pregúntale a Juan; o…pregúntate a ti mismo(a)...

Dos encuentros con Jesús…

PRIMER ENCUENTRO: Bartimeo


Texto: S. Marcos 10:46-52 (Versión Reina-Valera 1995)
46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él, sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo, el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino, mendigando. 47 Al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: —¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 48 Y muchos lo reprendían para que callara, pero él clamaba mucho más: —¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarlo; y llamaron al ciego, diciéndole: —Ten confianza; levántate, te llama. 50 Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51 Jesús le preguntó: —¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: —Maestro, que recobre la vista. 52 Jesús le dijo: —Vete, tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista, y seguía a Jesús por el camino.

Es bueno recordar en este tiempo de Cuaresma que éste es el último acto de sanidad registrado por escrito en el Evangelio según S. Marcos.  Ocurrió a lo largo del propio camino de sufrimiento y muerte que le esperaba a Jesús en Jerusalén.  Es el cuadro de un necesitado que tuvo fe persistente y recibió la misericordia de Dios que le sanó y, como resultado, siguió a Jesús en el Camino.  Sin duda este fue el caso de muchos de los que siguieron a Jesús, aun durante la terrible semana final.  Marcos (uno de los discípulos de Jesús) recordó el nombre de aquel hombre, y como era su costumbre, lo traduce (de Bartimeo a, “hijo de” Timeo.)  Como a muchos de nuestro mundo, al hombre se le conocía por el nombre de su padre, pero puede haber sido bien conocido por la iglesia primitiva más tarde porque había seguido a Jesús. (¡Ojo!) Este hombre recibió misericordia: pues no recibió lo que merecía de acuerdo a la tradición judía pues era un ciego, pobre, mendigo y, según la Ley, no merecía nada, sino el castigo de ser ciego.
En comparación con otra persona sanada, vemos dos respuestas distintas a la misma pregunta: ¿Quieres ser sano?
SEGUNDO ENCUENTRO: El paralítico en el Pozo de Bethesda

S. Juan 5:1-9Tiempo después, Jesús regresó a la ciudad de Jerusalén para asistir a una fiesta de los judíos. 2 En Jerusalén, cerca de la entrada llamada «Puerta de las Ovejas», había una piscina con cinco puertas que en hebreo se llamaba Bethesda. 3-4 Allí se encontraban muchos enfermos acostados en el suelo: ciegos, cojos y paralíticos. 5 Entre ellos había un hombre que desde hacía treinta y ocho años estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio allí acostado, y se enteró de cuánto tenía de estar enfermo, le preguntó: —¿Quieres ser sano?  7 El enfermo contestó: —Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se remueve. Cada vez que trato de meterme, alguien lo hace primero.  8 Jesús le dijo: —Levántate, alza tu camilla y camina.  9 En ese momento el hombre quedó sano, alzó su camilla y comenzó a caminar.”

La pregunta ¿quieres ser sano? puede haber tenido la intención de sacar al hombre de su apatía, pero la respuesta no revela fe alguna de parte de aquel hombre.  Es claro que él pensaba en términos más bien mágicos, como muestra el v. 7, porque creía como los demás que el primero que entrara al agua tenía alguna oportunidad de curarse. Parece haber pensado que la pregunta de Jesús no merecía una respuesta. (¡Ojo!) Este hombre recibió gracia, pues recibió lo que no merecía; lo que merecía era indiferencia por su apatía pero recibió sanidad divina.
¿Cuál será nuestra respuesta a la invitación que nos hace Jesús al encontrarnos con EL hoy?  ¿Podremos creerle a Dios hoy?

¿Quieres ser sano? 

¿Quieres ser sano de tantos dolores, angustias, depresiones, ceguera espiritual, resentimientos profundos que han echado raíces de amargura?  ¿Quieres ser sano de tanto dolor que no te permite seguir adelante?  ¿Quieres ser sano de tus enfermedades, vicios, malas costumbres, de tus ataduras?  Te pregunta el Señor. ¿Quieres ser sano?  

Hay dos respuestas: la de Bartimeo y la del paralítico de Bethesda.   El ciego respondió específicamente.  El paralítico argumentó su excusa, su queja.  El ciego conocía con quién estaba hablando y quién le había preguntado.  El paralítico parece que no sabía.  ¿Y nosotros, sabemos?

No esperes a que todo se resuelva para acercarte a Dios, acércate a Dios para que todo se resuelva.  

“Acercaos a Dios pues Dios quiere acercarse a vosotros.” (Santiago 4:8)

¿Qué dices tu?



jueves, 13 de marzo de 2014

El Collar de Perlas Preciosas

Anécdota: Se cuenta que el un dueño de una tienda de joyas estaba detrás del mostrador de su tienda y miraba la calle distraídamente. De pronto, una  niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra él vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto.   Entró en el negocio y pidió para ver el collar de color turquesa azul.  “Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?,” dijo ella.
El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó: “¿Cuánto dinero tienes?”  Sin dudar, la niña  sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz: “¿Esto da?”
Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. “Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor.  Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es el cumpleaños de ella y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos.”
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, lo envolvió con un vistoso papel dorado e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.  "Toma,” dijo a la niña. “Llévalo con cuidado”.  Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.
Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó: “¿Este collar fue comprado aquí?” “Sí señorita,” contestó el dueño. “¿Y, cuánto costó?” indagó la joven.
“¡Ah!”, expresó el dueño del negocio. “El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.”  La joven continuó: “Pero mi hermanita tenía solamente algunas monedas.  El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo.”
El hombre tomó el estuche, re-hizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.  “Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. ELLA DIO TODO LO QUE TENÍA.”
El silencio llenó la pequeña tienda y las lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

“Quien ama no coloca límites para los gestos de ternura y de gratitud, porque, un corazón agradecido y confiado, es un corazón obediente a DIOS.

sábado, 4 de enero de 2014

La Manifestación de Dios a la Humanidad, “La Epifanía”

La Manifestación de Dios a la Humanidad, “La Epifanía” (o “La Visita de los Sabios de Oriente”)
Rdo. Dr. Juan G. Feliciano-Valera

Texto: San Mateo 2:1-12 (VRV, 1995)

1 Cuando Jesús nació, en Belén de Judea, en días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos sabios, 2 preguntando: —¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo. 3 Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4 Y, habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le respondieron: —En Belén de Judea, porque así fue escrito por el profeta: 6 »“Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.” 7 Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios y se cercioró del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8 Y enviándolos a Belén, dijo: —Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño y, cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo. 9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11 Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

INTRODUCCIÓN: Me gustaría compartir con ustedes la razón por la cual la celebración de hoy, “Día de la Epifanía”, demuestra perfectamente la manifestación del amor y la gracia de Dios para toda la humanidad. “Epifanía” significa precisamente, Dios manifestándose al mundo a través de la visita y adoración de los Magos (o “Sabios” o “Reyes”) de Oriente.

¡Qué extraño nos parece que unos magos de oriente se lanzaran a la búsqueda de un rey desconocido! No sabemos cuántos sabios vinieron, ni de dónde vinieron, ni cuáles eran sus nombres. Estos “magos” eran sabios, astrólogos orientales que estudiaban las estrellas y procuraban entender los tiempos. Eran gentiles llamados especialmente por Dios para venir y rendirle homenaje al Recién-Nacido Rey. 

Les invito a contemplar el cuadro significativo de aquellos hombres sabios, que dejaron su patria y su hogar para emprender un viaje largo porque arriba, en el cielo, les conducía una estrella reluciente y especial; y adentro en sus corazones, les impulsaba un sueño, una aventura, una fe. 

Veamos en la pantalla de nuestra imaginación cómo prosiguen, siempre adelante, venciendo los obstáculos, porque tienen una meta, la cual desean alcanzar. En fe viajemos con ellos, a fin de que arribemos al sitio donde se hallaba Jesús, porque allí, con ÉL, está nuestra felicidad y la cristalización de nuestros más puros ideales.

11 Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 

1. El Encuentro: “AL ENTRAR EN LA CASA”.

Después de tanto tiempo, por fin llegaron adonde querían llegar. Aquello fue el término de una larga caminata, pero fue también el comienzo de una nueva vida, porque en Cristo muchas cosas terminan y muchas cosas empiezan. Aquí la “casa” puede representar la iglesia, el templo. Los magos llegaron desde muy lejos a la casa de Belén. Así nosotros, al congregar­nos en la casa del Señor, arribamos desde distintos y distantes puntos. Nos hemos dado cita en el templo, donde se predica la Palabra de Dios. Es bueno asistir al templo. La iglesia debe ser el atractivo permanente de los creyentes. Aquí está nuestro ho­gar espiritual. Todos conocemos la hermosa afirmación del pia­doso rey David: "Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos" (Sal. 122:1). En el día del Señor y al salir de nuestras casas, ¿Hacia dónde nos dirigimos? Al templo, a la casa del Señor, a la comunión con los santos. 

2. La Admiración: "VIERON AL NIÑO CON SU MADRE MARÍA."

En la iglesia hay que ver a Jesús. ÉL es el centro de nuestra fe y de nuestra adoración. Sin duda que hay muchas otras cosas que ver, pero Jesús es Quién debe atraer nuestra atención. ¿Alguien dice Amén? ¡Amén! Este punto es muy importante, porque aquello en que fijamos nuestra mirada, mientras nos hallamos en el templo, va a señalar la di­rección de nuestros pensamientos. Muchas veces divagamos; sin concentrarnos en el propósito principal de nuestra presencia en el culto. Es necesario imponernos una disciplina en cuanto a dónde poner nuestra atención, hasta que nos acostumbremos a "estar en lo que estamos". Uno de los inconvenientes, pues, que debemos vencer es la distracción. 

3. La Adoración: “LO ADORARON."

Y es a eso a lo que venimos al templo: a adorar a Jesús. Sí, a ÉL y solamente a ÉL. Los magos no le rindieron culto a Ma­ría, aun cuando ella estaba allí en persona. "Lo adoraron" a ÉL, a Jesús. Si no hay adoración tampoco puede haber culto. ¿Cuán corriente es la frase: “Fui al culto, estuve en el culto?" ¿Hubo realmente culto? Si adoramos al Señor “en espíritu y en ver­dad”, entonces si podemos decir que hubo culto. La adoración es sentir en lo íntimo de nuestro ser a Dios, y darle gracias por todo, y cantar himnos de alabanza a su nombre. ¿Es el templo para nosotros, un lugar de adoración? 

4. La Ofrenda: “Y ABRIENDO SUS TESOROS."

La presencia del Señor nos mueve a la adoración, y la ado­ración nos mueve a dar, a abrir el corazón. A decir verdad, no puede haber adoración si no hay un dar de algo. Se ve que los magos llevaban esos tesoros con propósito. Sabían de antemano que se encontrarían en la pre­sencia del Rey esperado por las naciones. ¿Cómo se presenta­rían con las manos vacías ante ÉL? ¿Es así como debemos ir al Señor? La Navidad de Dios para nosotros fue dar: nos dio a Su Hijo. La Navidad de nosotros para Dios debe ser también dar: darnos a nosotros mismos a ÉL. En el centro del cristianismo está el acto de dar. Al amor y a la fe no se los puede concebir de otro modo. ¿No hemos nosotros también de abrir nuestros presentes ante ÉL? 

Hay un punto más: el término “tesoros” nos sugiere no solamente el concepto de valor intrínseco, sino algo que nosotros apreciamos mucho. Es así como muchas ve­ces, para expresar cariño especial, usamos figurativamente la frase: "Eres mi tesoro." No es cuestión, pues, de sólo traer dinero al templo, de dar diezmos y ofrendas a la iglesia, sino que al dar lo que damos a Dios debemos sentir que damos lo que nos cues­ta, lo que nos es precioso, nuestro "tesoro". Los magos adoraron dando. Se puede dar sin adorar, pero no se puede adorar sin dar. ¿Qué estamos dando nosotros al Señor? En los requisitos establecidos para el culto a Dios en el Antiguo Testamento, estaba el de traer siempre alguna ofrenda al Señor (Deuteronomio 16:16,17.) 

Los tesoros de los magos fueron tres: Oro. Incienso. Mirra. Oro para el Rey. Incienso para su sepultura. Mirra para la adoración. 

LLAMADO. Finalmente, te quiero recordar que lo que celebramos el 6 de enero es la Manifestación (“Epifanía”) de Dios a toda la humanidad representada por los “magos” (o sabios) que vinieron de Oriente. Dios escogió manifestarse a unos pastores judíos que cuidaban el rebaño de ovejas y a unos representantes del “resto” del mundo. Dios pudo haber hecho una entrada “triunfal” con fanfarria, corceles alados, ángeles, querubines y serafines cantando; pero, sin embargo, escogió manifestarse de forma humilde y nada “religiosa.” Dios deseó dejarnos saber que Dios anhela establecer una relación íntima y personal con cada uno de nosotros(as). También busca dejarnos saber que somos Su pueblo, parte de Su comunidad basada en la fe. Su gracia busca cada día maneras de alcanzarnos para bendecirnos y dejarnos saber cuánto nos ama, de qué manera nos ama y cómo nos ama. Nosotros(as) no podemos hacer nada para que Dios nos ame mas, porque ya Dios nos ama; tampoco podemos hacer nada para que nos ame menos, porque ya Dios nos ama. Solo espera nuestra respuesta a Su gracia, a Su invitación, a Su amor, a Su compañía, a Su cuidado. Dile “Sí” a Dios y dale gracias. 

Tu fe es la respuesta a Su gracia.

Oremos. Amantísimo Dios, gracias por tu regalo. Gracias por manifestar tu grandeza de una manera tan humilde. Permítenos recordar el verdadero significado del Nacimiento de tu Hijo, Jesús. Gracias por la lección de dar. Ayúdanos a responder fielmente. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!